jueves, 25 de junio de 2020

Bloque 4: FAMILIAS Y EXCLUSIÓN SOCIAL (pobreza severa)


 


Bloque 4: FAMILIAS Y EXCLUSIÓN SOCIAL
1-    las familias españolas y su futuro
2-    modelos de política social y sistemas de protección social en europa
3-    las políticas familiares en España y en la unión europea
4-    familias en situación de especial riesgo social en España: hogares monoparentales, familias/hogares de personas mayores y familias de inmigrantes
5-    tendencias de futuro.



CUARTO BLOQUE: FAMILIAS Y EXCLUSIÓN SOCIAL

1.    LAS FAMILIAS ESPAÑOLAS Y SU FUTURO
La familia constituye un marco de referencia estable, una fuente de apoyo  y un espacio de cuidado y ayuda a otros. Este importante marco de relación ha experimentado una gran transformación en las últimas décadas por factores demográficos y sociales. Por ejemplo en el aumento de la esperanza de vida genera grupos familiares de varias generaciones, al tiempo que se reduce la natalidad. Por último, se está asistiendo a una progresiva desaparición de los valores patriarcales y autoritarios, en beneficio de familias más igualitarias y negociadoras. La estructura y la dinámica de la vida familiar en España no ha sido ajena a los profundos cambios que se han registrado en el pasado reciente. Además, el control social ejercido sobre los comportamientos familiares se ha alterado: por un lado, se ha reducido el control social sobre múltiples dimensiones de la realidad familiar tradicionalmente sujetas a modelos normativos muy arraigados, por otro, se ha reforzado el control social sobre las dinámicas de poder que se desarrollan en el seno de la vida familiar, anteponiendo los derechos individuales a los de la institución.
La familia se encuentra inmersa en un profundo proceso de transformación, relacionado, por una parte, con los nuevos roles sociales y laborales de los padres ( por la incorporación de la mujer al trabajo remunerado, por ejemplo), y, por otra, con un contexto de cambio social y de nuevos estilos de vida, generándose así nuevos modelos de relaciones familiares.
En la evolución que ha conocido la familia en las últimas décadas ha creado incertidumbres de futuro, pues se ha debilitado la solidaridad familiar. De seguir las tendencias actuales se pueden derivar consecuencias muy negativas para el cuidado de los ancianos y para la socialización y educación de los niños. El refuerzo de la familia, a través de una reorientación de las políticas sociales y educativas, reconociéndola en su función productiva, socializadora y asistencial, es una de las claves para evitar los efectos perniciosos de ciertos “progresos”.
En resumen, la crisis de la familia es una crisis de readaptación a unas condiciones nuevas puesto que el cambio de la familia, y – especialmente el del papel de la mujer dentro de ella– constituye uno de los rasgos más importantes de la transformación social del siglo XX.
2.    MODELOS DE POLÍTICA SOCIAL Y SISTEMAS DE PROTECCIÓN SOCIAL EN EUROPA
La Política Social es la intervención pública que incide en el bienestar de las personas, cambiándolo, manteniéndolo o facilitando sus condiciones de vida. Trata de mejorar el bienestar humano a través de la cubertura de la salud, la vivienda y la protección social en general. Una definición operativa de política Social es la que define como aquella política relativa al desarrollo de servicios y prestaciones que intentan paliar determinados problemas sociales (enfoque de Marshall). Según Richard Titmuss (1981), el término de política social no esta atado a una ayuda al otro o a la búsqueda de la igualdad, pues sus resultados pueden ser distintos, como prueban algunos estudios, por ejemplo, reforzando la posición de los más privilegiados. La política social, por tanto, incide sobre la distribución de los recursos y por ello tiene un alto contenido ideológico que la encamina en objetivos, métodos y funciones ( no es neutral)
Las diversas prácticas políticas han dado paso a diversos modelos de políticas sociales que según Titmuss se simplifican en:
El modelo residual. Basado en la premisa de que existen dos caminos naturales (o socialmente dados) a través de los cuales se satisfacen adecuadamente las necesidades de un individuo: el mercado privado y la familia. Las instituciones de bienestar social deberían intervenir únicamente en el caso de que hubieran desaparecido ambas vías, o, incluso entonces de forma temporal.
El modelo basado en el logro personal-resultado laboral, asigna una función importante a las instituciones de bienestar social como auxiliares de la economía, sostiendo que las necesidades sociales deberían satisfacerse sobre la base de mérito laboral.  
El modelo institucional redistributivo el cual considera al bienestar social como una institución integrada en la sociedad, que proporciona servicios generales fuera del mercado basándose en el principio de necesidad. Se apoya en parte en teorías sobre los efectos múltiples del cambio social y el sistema económico, y, en parte en el principio de la igualdad social. 
La política social en España, está basada en la precariedad o inexistencia de una tradición científica hispánica en los estudios de Política social
Respecto a la política social de la Unión o política social comunitaria, decimos que se ocupa de regular aspectos materiales y formales de las relaciones laborales y el empleo, tanto en el interior de sus Estados miembros como en su dimensión transnacional, incidiendo en su funcionamiento y en sus consecuencias.
En el tema de la protección social el instrumento de la política social es el estado de bienestar compuesta por un conjunto de intervenciones cuyo objetivo es reducir el riesgo y la vulnerabilidad de tipo social y económico, así como aliviar la pobreza y privación extremas. Incluye  tres tipos de programas:
Primero la asistencia social mediante transferencias públicas condicionales o incondicionales en efectivo o en especie, o programas de obras públicas.
En segundo lugar la seguridad social con programas de afiliación que cubren determinadas contingencias que afectan al bienestar o a los ingresos de los hogares

Finalmente la protección laboral, que proporciona subsidios de desempleo, desarrolla competencias profesionales e imparte formación a los trabajadores.                        
 La UE ha elaborado una serie de instrumentos en el sector social. Estos incluyen leyes, fondos, o herramientas para coordinar y supervisar las políticas nacionales. También alienta a los estados miembros a compartir las mejores prácticas en sectores como la inclusión social, la pobreza y las pensiones. Mientras, la Comisión Europea apoya y complementa las políticas sociales de los Estados   miembros en los ámbitos de la protección y la inclusión sociales.
La integración económica europea requirió la coordinación de la protección social de los Estados y la armonización y comunitarizacion de los aspectos aparentemente incompatibles en el marco común de regulaciones sociales.  
Los cuatro pilares del Estado de Bienestar, son:
Por una parte la sanidad basada originalmente en un sistema universal y gratuito
 Por otra parte, la seguridad social, cuya principal partida son las pensiones contributivas de jubilación, pero que también ofrecen cobertura ante otras contingencias, como viudedad, orfandad o situaciones de incapacidad.
En tercer lugar la educación, de carácter universal y obligatorio hasta ciertos niveles y subvencionada en niveles secundarios o superiores. 
Y finalmente los servicios sociales, dedicados a proveer asistencia en situaciones donde no se han alcanzado prestaciones contributivas o en ayudas como la dependencia.
En función de diversas variables, como el grado de protección social o el reparto del peso en la provisión de servicios entre el sector público y el privado, encontramos en Europa cuatro modelos diferenciados de Estado de Bienestar. 
El Modelo Nórdico (Dinamarca, Noruega, Suecia, Islandia, Finlandia) cuya protección social es la más elevada, financiada a través de cotizaciones, tiene como principal proveedor de servicios al Estado con unos altos estándares de calidad.  Para la prestación de servicios se basa en el principio de la ciudadanía, lo que supone un acceso más generalizado a los mismos. 
El Modelo Continental (Alemania, Austria, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo)  esta basado en el principio contributivo, donde empleados y empresas cotizan obligatoriamente para crear un plan de previsión para necesidades sociales. También ofrece prestaciones no contributivas y subsidios, algunos de ellos no sujetos a ningún tipo de acciones o compromisos de reinserción en el mercado laboral. 
El Modelo Anglosajón (Reino Unido, Irlanda), muy limitado en cuando a prestación social tanto de forma contributiva como por ayudas sociales. Tienden a cubrir necesidades básicas, delegando en la responsabilidad de los individuos la completa cobertura de sus necesidades.  Además, los criterios de concesión de ayudas y subsidios son menos laxos y están sujetos a acciones activas de empleabilidad. 
El Modelo Mediterráneo (España, Grecia, Italia, Portugal) , Se encuentra a medio camino entre el modelo anglosajón y el continental a nivel de ayudas y de protagonismo del Estado en la provisión de servicios, siendo uno de los menos eficaces para la lucha contra la pobreza según un informe de crecimiento, trabajo y progreso  social de la UE. Este modelo se basa en peculiaridades culturales como la presencia de la familia en la vida de los individuos, que cubre ciertas necesidades que en otros modelos son cubiertas por el Estado, como cuidado de hijos o ancianos.   
3.    LAS POLÍTICAS FAMILIARES EN ESPAÑA Y EN LA UNIÓN EUROPEA.
Algunas de las últimas aportaciones teóricas sobre políticas familiares en Europa están acotando cada vez más sus análisis al campo de la infancia, la conciliación familiar, la parentalidad y familias con bajos ingresos.
Empiezan a aparecer ciertos signos de convergencia entre las diferentes políticas familiares europeas al acercarse a la solidaridad, al reconocimiento de los derechos del niño y de la voluntad de las madres a ejercer una actividad profesional, por más que existan aún grandes disparidades en las medidas que aspiran a la conciliación entre ocupación y familia. Por otra parte, las políticas de empleo o sociales de los países europeos engloban todas las dimensiones familiares. La preocupación común de controlar los gastos de salud conduce a una selectividad cada vez más frecuente de las ayudas hacia las familias desfavorecidas.
Las principales propuestas de política familiar están asociadas con determinados regímenes de bienestar que se han desarrollado históricamente en el mundo occidental de acuerdo con sus derechos y prestaciones correspondientes y con ciertas oportunidades laborales y un cierto grado de desigualdad social. A partir de estas premisas distingue en el mundo occidental tres regímenes distintos de Estado de bienestar: el liberal, el corporativo y el socialdemócrata.

En el régimen liberal (países anglosajones, Estados Unidos, Canadá y Australia) la asistencia social es residual y se limita a aquellos casos en que la familia y/o el mercado son incapaces de resolver el problema y, por lo tanto, grava a sus destinatarios un estigma. Tanto las transferencias universales como los planes de seguridad social son modestos. El Estado estimula el mercado como proveedor de servicios, pasivamente (garantizando sólo un mínimo) o activamente a base de subvencionar planes privados. Este régimen está asociado con un grado de desmercantilización muy bajo y fomenta una estructura social dualista: de una parte, los beneficiarios de las prestaciones –los pobres y marginados– y la clase media mayoritaria.

En segundo lugar, el régimen corporativo, basado en el sistema de seguridad social de raíz bismarckiana, se encuentra implantado en Alemania, Austria, Francia, Bélgica e Italia. Se trata del modelo más conservador de todos, y ello en diversos sentidos. Por una parte, porque es resultado de la transformación al alza del antiguo sistema de seguridad social alemán, que trataba de mantener las diferencias de estatus entre las diversas categorías de trabajadores (goce de  derechos sociales asociado a la clase social y status laboral). Con una considerable influencia de la Iglesia católica, determinada a mantener un reparto tradicional de roles en función de género en el interior del hogar. Al tiempo que este modelo de bienestar fomenta la maternidad, desincentiva la participación de las mujeres en el mercado de trabajo, en especial cuando sus hijos son pequeños, lo cual las convierte en dependientes de sus maridos, ya que éstos, como cotizantes, son los auténticos titulares de los derechos sociales. Así, pues, el régimen corporativo alemán parte de la idea de que el Estado tan sólo interviene cuando se agota la capacidad de las familias para prestar servicios a sus miembros.

Por último, el régimen socialdemócrata, surgido en los países escandinavos, es el que ha ido más lejos en la extensión de los principios de des mercantilización y universalismo. En vez de tolerar un dualismo entre el Estado y el mercado, promueve una igualación desde arriba y no desde abajo. Además tiene como requisito el pleno empleo, pues la  financiación del gasto social tiene que provenir de una fiscalidad progresiva. Todos contribuyen al sistema, todos se benefician de él, pero al mismo tiempo todos dependen de él. El modelo escandinavo se basa en la socialización máxima de los costes del trabajo de reproducción de las familias con la finalidad de que no se agoten los recursos de sus miembros. Por otra parte, el Estado asume la responsabilidad de prestar cuidados a la gente mayor, a los incapacitados y a los menores, mientras que estas categorías sociales, con la inclusión de los menores, son los beneficiarios directos de las transferencias. Este es el modelo que más estimula la inserción más completa de las mujeres en el mercado de trabajo, inherente al principio del pleno empleo para todos los ciudadanos.

4.    FAMILIAS EN SITUACIÓN DE ESPECIAL RIESGO SOCIAL EN ESPAÑA: HOGARES MONOPARENTALES, FAMILIAS/HOGARES DE PERSONAS MAYORES Y FAMILIAS DE INMIGRANTES
Un cuarto de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social. Y más de la mitad de los españoles tiene alguna dificultad para llegar a final de mes, sobre todo  las familias con abuelos, madres solas y migrantes son los hogares con más riesgo de pobreza (Save the Children)
Lo más característico de las familias monoparentales en España es su grado desigual de protección social entre las madres solteras, separadas o divorciadas y las viudas, ya que, mientras el primer bloque tiene que salir adelante confiando en su propio trabajo o en la percepción de las pensiones de sus exmaridos o compañeros (o eventualmente en la ayuda de la asistencia social); el segundo (las viudas), disponen de una pensión de la seguridad social garantizada (aunque su importe sea muy modesto). Además, tienen la ventaja de estar organizadas y poder presionar a la administración para ventilar sus agravios. Esta atención relativa que se presta a las viudas pone de relieve la necesidad de llevar a cabo acciones destinadas a otros colectivos de madres solas que se encuentran en situaciones de grave precariedad.
Los factores de exclusión son laborales (el paro, la precariedad laboral y la falta de experiencia laboral), económicos (ingresos irregulares/insuficientes/sin ingresos, el endeudamiento y la infravivienda o sin vivienda), culturales (pertenecer a una minoría étnica, la dificultad idiomática y cultural y el analfabetismo o la baja instrucción, incluyendo otros elementos estigmatizantes),personales (sexo, edad, discapacidad/enfermedad, adicciones, antecedentes penales, violencia, pesimismo/actitud negativa y exiliados o refugiados políticos) y sociales (aislamiento, falta de apoyos sociales, familias monoparentales, entorno residencial decaído)
 Las familias de inmigrantes acuden a los Servicios Sociales para recibir información y asesoramiento sobre los recursos sociales, para informarse de todo lo vinculado al ámbito laboral y social (incluso de las actividades de ocio accesibles) y para recibir información sobre permisos de residencia, visados, situación laboral y jurídica… El número de estas familias ha aumentado generando una mayor demanda de los servicios por problemas económicos, estando en una situación laboral y jurídica inestable.
Respecto a la tercera edad, éstos tienen más riesgo de sentirse solos, lo cual aumenta el riesgo de exclusión social y dependencia, puesto que los mayores tienden a aislarse, a menudo, sin pretenderlo por lo que hay que tener en cuenta los factores económicos (pensiones, dificultades financieras…), socio sanitarios (dependencia, síndromes y salud mental), convivenciales (formas de convivencia, redes sociales), residenciales (vivienda y alojamientos alternativos), de participación ciudadana y de trayectoria vital (cualificación laboral, nivel formativo) que pueden generar riesgos de exclusión social.
Los Servicios Sociales se encargan de desarrollar y coordinar acciones de carácter preventivo, asistencial, rehabilitador, educativo, cultural, deportivo y de ocio específicas para las personas mayores, como, por ejemplo la tención descentralizada a mayores, la intervención socioeducativa grupal, con mayores dependientes y sus cuidadores; y de información y sensibilización ciudadana.
Los recursos que suelen emplearse para alcanzar las metas son: recursos dependientes en el ámbito familiar y comunitario (ayuda a domicilio, teleasistencia, estancias diurnas, etc), comunitarios de prevención, ocio, cultura y participación (por ejemplo, los centros de día) y  residenciales (para personas mayores con un nivel mayor de dependencia o cuando la atención de sus familias no es posible), con objetivos hacia la mejora de la calidad de vida, fomentando la autonomía personal y la integración en su entorno habitual.  Lograr un marco de convivencia saludable y prevenir el deterioro personal o familiar.

5.    TENDENCIAS DE FUTURO
Se observa, por tanto, que la tendencia de cambio lento en España en la mentalidad, que parece indicar una pérdida del valor del matrimonio como institución y un aumento de las relaciones informales, en las que el amor «exclusivo» parece seguir siendo una de las razones fundamentales de estas uniones, por ello siguen apareciendo fenómenos como los celos, la rígida concepción de la fidelidad, etc. Aunque también es posible que en un futuro haya que hablar de «solidaridad», como uno de los principios rectores de las relaciones de pareja.
Las transformaciones familiares, en definitiva, no son nada más que parte y consecuencia de los cambios sociales en general; por ello resulta de difícil predicción el futuro de esta institución.
La escasa protección social a las familias con menores niveles de ingresos, la privatización del coste de crianza de los hijos, junto con el elevado riesgo de pobreza de las familias extensas, monoparentales o encabezadas por mayores, hablan en favor de la necesidad de una reorientación de la política familiar practicada hasta el momento. Pero, junto a estos factores, existen otras razones como la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo con los problemas de conciliación laboral que resultan.  Estas aspiraciones plantean un importante reto a la política familiar y una reducción del tamaño de las familias europeas, siendo las mas comunes las familias sin hijos o con un único hijo, mientras que las familias de tres hijos ya han pasado a considerarse numerosas.  En términos demográficos, como es sabido, estos cambios se traducen en el hecho de que ya no está garantizado el nivel de reposición de la población.
El objetivo de una nueva política familiar sería crear un entorno social más favorable para que las familias pudieran asumir libremente, pero con menores costes personales, sobre todo para la mujer, opciones familiares que cumplen importantes funciones sociales. 
El modelo “familista” del Estado de Bienestar, ya herido gravemente por las políticas de corte neoliberal, es muy posible que también sea insostenible en el futuro porque las nuevas generaciones no van a contar con las reservas y ahorros que acumularon sus padres y abuelos. Además de que gran parte de éstas están hipotecadas por una vivienda y se están enfrentando al desempleo y a la precarización del trabajo, que enfatizan la dinámica de exclusión social, con un  descenso de la solidaridad familiar. Así, en los próximos años, la pobreza y la exclusión social aumentarán en mayor medida porque la red familiar estará debilitada lo que aumentaran los conflictos familiares.

lunes, 8 de junio de 2020

Análisis crítico, LA SITUACIÓN DE LA MUJER EN LOS PROBLEMAS SOCIO-SANITARIOS, JUNIO 2020


 


A partir del texto del director de la OIT- España, Joaquín Nieto, en la conferencia del 2017, se puede realizar un análisis pormenorizado de varios de los puntos que señala en el mismo.


De forma esquemática, se distribuiría la información presentada en seis puntos, los tres primeros corresponden al contexto que aparece con la automatización de los procesos laborales, el cuarto y quinto punto equivaldrían a las ventajas y desventajas de la situación anterior o a los posibles efectos positivos y negativos que esta evolución tecnológica acarrearía en el futuro. Finalmente, el último punto contempla los factores de género como la conciliación y la salud. 

Para empezar, introduciremos el problema de género, pues es el que se relaciona más directamente con el área temática de la mujer en los problemas socio-sanitarios, para pasar, posteriormente, a los problemas laborales y el futuro de éste, concluyendo con posibles propuestas y anotaciones personales. 

El origen de la desigualdad de género se encuentra en la división sexual del trabajo que históricamente ha asignado a los hombres el trabajo remunerado y a las mujeres el no remunerado que sirve de sustento al trabajo que percibe pago. Esta división se ha dado en todo el mundo, las mujeres de muchos países continúan siendo las responsables de la mayor parte del trabajo que no percibe remuneración y cuya contribución a la economía queda sin reconocer. 

La responsabilidad principal de las mujeres es el trabajo de cuidado de los hijos y el mantenimiento del hogar, que limita su tiempo y sus oportunidades para participar en el mercado laboral remunerado y acceder a los beneficios económicos y de protección social ligados a ella. Asimismo, el hecho de que el trabajo “femenino” sea subvalorado social y económicamente conduce a que, cuando se cumple en el hogar, no sea reconocido como trabajo, y a que las ocupaciones y sectores laborales más feminizados, como sucede con la enfermería, no gocen de tanto prestigio y remuneración. De hecho, el rol doméstico tiende a considerarse como algo natural por las características de la mujer. 

Si se observan las carreras estudiantiles, existen diferencias entre aquellas elegidas por varones y aquellas seleccionadas por mujeres, por ejemplo, rtve expone datos interesantes en el articulo “La paridad en la Universidad: casi todos en Informática son hombres y en Educación dominan las mujeres[1] del 25 de enero del 2019.

Son datos de la última Estadística de Indicadores Universitarios 2018 del Ministerio de Educación, con datos del curso 2016-17, cuando accedieron por primera vez a un grado 340.988 alumnos (284.540 en centros públicos y 56.448 privados), siendo los ámbitos de Negocios, Administración y Derecho los de mayor ingreso, representando el 22,1% del total.
De los nuevos estudiantes de grado en el citado curso, el 54,4% fueron mujeres y el 45,6% hombres. Y el porcentaje de ellas fue mayor en todas las ramas del conocimiento menos en Ciencias (52,3% hombres), en Informática (87,9%) y en Ingeniería, Industria y Construcción (73,8%).
Además de en Educación (77,5% mujeres), el porcentaje de alumnos que accedieron a un grado en el citado curso era mayormente femenino en Arte y Humanidades (59,5%); Ciencias Sociales, Periodismo y Documentación (61,3%); Negocios, Administración y Derecho (51,7%); Salud y Servicios Sociales (71,3%); y Agricultura, Ganadería, Silvicultura, Pesca y Veterinaria (50,3%).
La elección de ramas del conocimiento también difiere según la universidad sea pública o privada. Así, el 21,6% del nuevo alumnado de las universidades públicas escogió Negocios, Administración y Derecho (22,9% en privadas); el 13,4% se inclinó por Ingeniería, Industria y Construcción (5,3% en privadas); el 12,9% eligió Ciencias Sociales y Periodismo (15,4% en privadas); o el 11,7% optó por Salud y Servicios sociales (4,6% en privadas).

El sexismo cultural que favorece la libre elección de la carrera universitaria bajo la influencia contextual histórica sobre los roles de género, genera esta división entre ramas académicas, que además se ve repercutida, posteriormente, a nivel laboral. 
El acceso a los estudios de enfermería sigue las directrices de cualquier otra titulación y no se ha detectado la posibilidad de desigualdades de género salvo la propia elección de forma minoritaria, por parte de varones, que se relaciona con los estereotipos de género, el peso de los roles y el menor reconocimiento social y económico al trabajo feminizado. Diversos estudios achacan esta escasez de hombres en su mayor medida a los siguientes motivos: los estereotipos de género, el desconocimiento sobre la profesión, la visión de la profesión tradicionalmente femenina y la percepción de que los enfermeros son gays por dedicarse a una tarea <<femenina>> como el cuidado. (Rueda Martínez. G.V y Iruzubieta Barragán, 2014. P. 35)


Los datos[2] extraídos por El País en el artículo: “Las profesiones con más mujeres”, muestran que las profesiones como las de fontanero, albañil, mecánico, sacerdote, taxista o conductor, técnico e ingeniero, policía, aeronáutico, ejecutivo, jardinero, analista de software, basurero, arquitecto, economistas, artistas, mantenimiento, gasolineras y artesanos, tienen un porcentaje del 34% de mujeres aproximadamente. Mientras que, las profesiones de medicina, dependienta, escritor, periodismo, terapeuta, farmacéutica, guía turístico, ayudante de concina, enfermería y partera, peluquería y estética, cajera y taquillera, atención al público, profesora de primaria, maestra, limpiadoras, auxiliar de enfermería, cuidadoras y empleadas del hogar, tienen un porcentaje cercano al 98% de mujeres aproximadamente. 
Quedan en paridad las profesiones públicas de cargos directivos en la administración, profesores universitarios, físicos, químicos, matemáticos, jueces, fiscales y abogados, cocineros y camareros con un porcentaje del 53% de mujeres aproximadamente.  
Si se agrupase el salario de los trabajos masculinizados por una parte y los feminizados por otra, se observaría que a final de mes, el primer grupo superaba en salario total al segundo. Lo que demuestra una desigualdad en cuanto a la importancia que se le da a un sexo-trabajo y al otro sexo-trabajo, lo que genera una disparidad decadente para la mujer. 
La importancia que se desempeña en un sector laboral no es tanto material como cultural, una muestra de ello la ha ofrecido la crisis sanitaria por el COVID-19 en España, en la que se ha demostrado que uno de los sectores más feminizados, con un 89% aproximadamente de mujeres, como es el caso de la enfermería, ha sido crucial y de suma importancia, al igual que las cajeras de los supermercados, las farmacéuticas, cuidadoras, etc. 
La mujer, por tanto, desde la división sexual del trabajo, se ha visto influenciada por el concepto de femineidad basado en una mujer amable, empática, dulce, que cuida... características que muestran “lo que se espera de ella”. Dicho concepto favorece que, por aceptación social, cultural o por interiorización, tienda a buscar áreas de desarrollo laboral o académico relacionadas con tales cualidades como son las ya mencionadas. Estas áreas, al ser desvalorizadas por la sociedad dado un proceso cultural anterior, implican peores salarios y horarios, lo que dificulta el nivel de vida de la mujer. Un ejemplo de ello lo muestra la siguiente cita en relación con el trabajo de enfermería:
Enfermería y mujer siempre han ido ligadas, es más, el termino enfermera en femenino, es el que utilizamos para hablar de los profesionales enfermeros. La explicación que dan de la relación de estos dos términos, enfermería y mujer, es que el ser mujer ha estado siempre ligado a las practicas humanas en relación son la salud, de hecho en la mayoría de las culturas desde la antigüedad <<el cuidado>> de los niños, de las parturientas y los enfermos en general, ha sido responsabilidad de las mujeres, mientras que el tratamiento de la enfermedad o <<curación>>, generalmente fueron asignados a determinados hombres de la medicina o sacerdotes. Desde los comienzos, los cuidados fueron vividos y transmitidos por mujeres, se perpetuo la idea de que el instinto maternal era el que proporcionaba la motivación y el impulso necesario para cuidar a las personas enfermas. (Rueda Martínez. G.V y Iruzubieta Barragán, 2014. P. 18-19)

Junto a la situación laboral, más precaria para la mujer que para el hombre, es menester añadir el rol asignado a las tareas del hogar y al cuidado de los dependientes. Así, la mujer realiza dos labores: aquellas pagadas y aquellas que no están pagadas pero que son necesarias socialmente como es el cuidado de los niños y personas mayores, tareas del hogar diversas, recados cotidianos…

Esta doble jornada laboral se endurece en caso de ausencia de conciliación familiar. De acuerdo a ello y según los datos del INE en el año 2019, un 46,7% de mujeres  trabaja a tiempo parcial para poder compatibilizarlo con el cuidado de personas dependientes al no poder costear los servicios adecuados para el cuidado de los hijos; un 3,3% lo hace porque no puede costear los servicios adecuados para el cuidado de adultos enfermos, discapacitados o mayores y un 2,1% por ambos motivos. Mientras que en el caso de los varones, es el 47,9% quienes alegan buscar la jornada a tiempo parcial por no haber o no poder costear los servicios adecuados para el cuidado de hijos; un 4,7% dice haber tomado esta decisión por no poder costear los servicios adecuados para el cuidado de adultos enfermos, discapacitados o mayores y un 5,8% alega ambos motivos. [Instituto Nacional de Estadística [INE], 2019]

Si se analizan los grupos de edad del mismo año se observa que el porcentaje más alto de mujeres que trabajan a tiempo parcial porque cuidan a personas dependientes corresponde al grupo de edad de 35 a 44 años con un 60,4% y en los hombres corresponde al grupo de edad de 45 a 54 años con un 47,2%. Además, un 26,2% de mujeres (de 25 a 54 años) son empleadas con 1 hijo frente al 5,3% de hombres. En el caso de 3 o más hijos los porcentajes son 25,6% de mujeres y 4,4% de hombres. Así mismo, según tipo de hogar, el porcentaje más alto en el año 2019 de ocupados a tiempo parcial en España corresponde en mujeres al hogar de dos adultos con hijos (26,3%) y en hombres a un adulto con hijos (7,4%) [Instituto Nacional de Estadística [INE], 2019]

 Estos datos complementan de forma más generalizada la información ofrecida por Joaquín Nieto sobre los horarios atípicos en enfermería, donde el 84% son mujeres y el 33% de ellas se encuentra en una edad comprendida entre los 30 y 39 años, es decir, es el ciclo más alto de fertilidad, a lo que hay que sumar que 6 de cada 10 tiene ya hijos. La enfermería, señala Nieto, fue uno de los primeros colectivos en conseguir guarderías en los centros de trabajo (grandes hospitales), pero evidentemente es un problema añadido el de los horarios. En todos los empleos el tipo de contrato es una variable muy a valorar en las condiciones de trabajo. 
Las condiciones de trabajo de las mujeres suelen ser más duras, debido tanto a la precarización laboral de los sectores feminizados como la falta de conciliación familiar, por ello es lógico que aparezcan trastornos como la depresión y la ansiedad, a nivel psicológico, u otros a nivel físico. 
La salud se mide de acuerdo a indicadores subjetivos e indicadores de morbilidad, mortalidad y de cuidado de la salud. 
Respecto a los indicadores subjetivos, es decir, a la percepción sobre la propia salud, los varones se ven peor que las mujeres entre las edades de 5 a 15 años, posteriormente, en edades más avanzadas, las mujeres se autoperciben con peor salud, percepción que aumenta a partir de los 65 años. 
Las diferencias observadas en la autopercepción de la salud tienen una explicación biológica, social y psicológica. 
A nivel biológico, los varones nacen más débiles pero la naturaleza los hace progresivamente más fuertes, mientras que las mujeres tienen mayor resistencia en la infancia pero la van perdiendo con los años. 
A nivel social, los varones realizan actividades privadas y públicas de mayor riesgo para la vida que las mujeres, pero las mujeres tienen que compaginar el trabajo doméstico con el asalariado produciendo problemas físicos de agotamiento y psíquicos en cuanto a estrés o depresión. 
A nivel psicológico, los varones no reconocen sus deficiencias de salud, mientras que las mujeres sí, pero éstas, muchas veces tienen que dejar como factor secundario la salud, con tal de atender responsabilidades ineludibles y diarias (cuidado de los hijos, de un anciano…). Además, esta doble jornada produce que la mujer no tenga tiempo para el autocuidado y tampoco lo reciba de otros familiares.
Según la citada Encuesta Nacional de Salud, el 10, 7% de la población mayor de 16 años que estudia, trabaja o se ocupa de labores del hogar ha tenido que restringir su actividad en las dos últimas semanas por algún síntoma de enfermedad. Entre los varones el promedio es 8,6% y entre las mujeres 12,6%, es decir: un 50% más alto. La encuesta sólo ofrece cifras sobre quienes realizan una actividad (estudio, empleo o labores del hogar) […] En todos los grupos de edad es más frecuente que hayan sufrido síntomas las mujeres, pero la diferencia llega al máximo en las edades centrales, especialmente entre los 45 y 54 años, franja en la cual las mujeres duplican a los varones (13,71% frente a 6,62%). (María Ángeles Durán, 2008, Pp. 99-103)
La restricción de actividades en esta encuesta se muestra como indicador indirecto del autocuidado y del cuidado a terceras personas. 
Suponiendo que la distribución sea homogénea durante todo el año, y suponiendo asimismo que se trate de un único episodio mórbido, la tasa anual de episodios seria 2,79. A su vez, el promedio de días de restricción de la actividad principal por episodio fue 7,31 (6,97 en el caso de los varones y 7,52 en el de las mujeres).
Las limitaciones prolongadas de actividad (superiores a 10 días seguidos en el último año) afectaron al 22,21% de la población, una quinta parte de los varones y casi una cuarta parte de las mujeres (20,44% y 23,9%, respectivamente). […] hasta los 25 años las limitaciones prolongadas son más frecuentes entre los varones. Entre los mayores de 75 años las limitaciones prolongadas afectaron al 43% de la población total, así como al 37,12% de los varones y al 47,41% de las mujeres. […] Además, las mujeres restringen su tiempo libre durante periodos más prolongados (7,89 días en comparación con 7,31 días en el caso de los varones), experimentan episodios de restricción más largos y declaran mas síntomas que los varones. El tiempo anual de restricción de tiempo libre por persona puede estimarse en 24,61 días para los varones y 32,59 días para las mujeres. (María Ángeles Durán, 2008, Pp. 103)
Las mujeres tienden también a realizar consultas médicas con mayor frecuencia que los varones, pero en cuanto al motivo de las visitas no hay una clara diferenciación de género.
Las enfermedades más comunes en las mujeres son aquellas relacionadas con el sistema circulatorio, trastornos mentales y del sistema nervioso y a su vez se ven más afectadas por causas externas de mortalidad como es el caso de los homicidios. Añadiendo a este punto las enfermedades citadas en el texto base: disfunciones cardiacas, óseas y cardiovasculares, ansiedad y trastornos de la personalidad. 
La Encuesta de Morbilidad Hospitalaria 2004 permite conocer el tipo de enfermedades que provocan estancias hospitalarias y la duración media de estas según el género. Las estancias hospitalarias resultan relevantes a efectos del análisis económico porque consumen una parte importante de los recursos monetarios asignados a la sanidad, y son intensivas en cuidados remunerados y en el uso de instalaciones sanitarias. […] La estancia media de internación de los enfermos dados de alta es ocho días para los varones y siete para las mujeres. La duración media por estancia es idéntica por género para los menores de 14 años, más elevada para los varones en el grupo de 15 a 16 años […] y sube en el caso de las mujeres a partir de los 85 años. (María Ángeles Durán, 2008, Pp. 107)
La discapacidad también afecta en mayor medida al género femenino con gran diferencia a partir de los 65 años debido a su longevidad y a los problemas físicos y psíquicos que hayan podido sufrir. 
Las mujeres tienden a vivir situaciones más estresantes debido a la falta de compatibilidad entre la vida privada y laboral, al mismo tiempo, esta falta de espacio para el autocuidado o el reposo necesario por enfermedad, genera a futuro mayores problemas de salud que, junto con la longevidad, conllevan a un deterioro físicopsíquico que empeora la calidad de vida. 
La introducción de cambios en el trabajo y el empleo en relación a la globalización y digitalización, podría verse desde tendencias positivas o negativas, dependiendo de las predisposiciones a futuro, lo que deja una puerta abierta a una posible mayor calidad de vida y conciliación familiar o bien a un empeoramiento y precarización de los trabajadores, especialmente de la mujer y todavía más de la mujer inmigrante. 
Los datos concretos sobre la evolución del trabajo proporcionan evidencias significativas, ya que el modelo de división tradicional del trabajo propio de las sociedades industriales se está transformando sustancialmente. Están surgiendo nuevas modalidades y experiencias de trabajo en lo referido a localización, duración, grado de implicación personal y funciones, disminuyendo la cantidad de trabajadores en fábricas manufactureras, zonas agrarias o trabajadores poco especializados; y aumentando la población activa femenina y la proporción de profesionales y técnicos. Los jóvenes están encontrando dificultades para incorporarse al trabajo, lo que da lugar al envejecimiento de las poblaciones activas, con gran flujo de trabajadores emigrantes, reducción de la jornada laboral, como se ha visto en los datos aportados por el INE en cuanto a la jornada partida, los cuales aumentan como también lo hacen los empleos temporales y a media jornada. 
La nueva configuración del trabajo a la que está llegando (en localización y funciones sobre todo), es el resultado de un cambio desde modelos de la actividad económica en las que existían unas estructuras organizativas concretas en las que las tareas se encontraban “físicamente” situadas (fábrica u oficina) y programadas de manera bastante fija e inequívoca, hacia una definición de necesidad de tareas que tienen que ser hechas, pero que pueden serlo de manera más flexible, abierta y deslocalizada. 
Los nuevos enfoques organizativos tienen implicaciones para las trayectorias y las condiciones de los trabajadores como tales. A los operarios se les pide que se vean a sí mismos como personas emprendedoras que tienen que ser capaces de fraguarse su propio futuro económico, sin contar con la seguridad pasiva que proporcionaba la vieja condición de asalariado en el sentido clásico. Por lo tanto, la dualidad valorativa que generalmente tiende a establecerse entre asalariado pasivo y desfasado y emprendedor/moderno/dinámico, encierra subterfugios de los que a primera vista pudiera parecer. La alteración simplista de la figura y el rol del emprendedor esconde una filosofía tramposa desde la que se sostiene que la idea de una sociedad segura está supeditada y que las conquistas sociales y laborales propias del modelo de Estado de Bienestar se encuentran superadas históricamente. 
Esta situación genera dos tendencias de dualización social en los aspectos laborales:
Por una parte, la agudización de los componentes duales de la estructura ocupacional.
Por otra parte, la definición de un marco más simétrico de oportunidades competitivas de los trabajadores potenciales o efectivos en los nuevos mercados laborales, que dará lugar a mayor precarización y exclusión social. 
Con los nuevos modelos descentralizados y desespecializados se rompe con las clases medias, debido a que la desubicación retira personal en cargos intermedios. Al mismo tiempo, los trabajadores y las organizaciones se debilitan, con lo que tienen menor presión y poder de negociación debido a la implementación de robots y sistemas automáticos. 
Los trabajadores se encuentran con que, mientras el capital puede moverse con gran fluidez de un lugar a otro a través de internet y circuitos financieros modernos, los trabajadores se encuentran con problemas personales e incluso legales.  La movilidad del trabajador también se ve influida por razones de carácter social, como la ruptura de lazos familiares, un contratiempo que no sufren las empresas. 
Para adaptarse a los requisitos de las nuevas modalidades de competencia y a las exigencias de flexibilidad que se demanda desde mercados crecientemente globalizados, los trabajadores se ven obligados a pagar unos costes humanos y sociales que no guardan proporción con el esfuerzo adaptativo de las empresas. Estos costes caen a hombros de las familias y cuando estas se rompen, caen sobre los individuos, sin ser recogidos por ningún tipo de protección compensatoria. 
Con la situación laboral legal aparece la economía sumergida en la que abunda el género femenino, y los mercados negros paralelos justificados como necesidad funcional de los sistemas económicos, una realidad ya analizada en varios estudios sociológicos, por ejemplo, en el ahorro del coste que supondría pagar ciertas actividades subvaloradas como las empleadas domésticas, recogida de productos agrícolas…  en este último caso se utiliza a emigrantes irregulares, al igual que en la construcción, con la intención de optimizar recursos, sobre todo en las grandes urbes y en condiciones de semiesclavitud, con salarios inferiores a los establecidos, jornadas largas y a veces viviendo de manera hacinada. 
La dinámica de reajustes y de fusiones tiene tendencia a continuar intensificándose, con su consiguiente repercusión negativa en el volumen y en la calidad del empleo, y con una acentuación de la concentración de poder y recursos. En muchos casos, estas fusiones se realizan empleando intensivamente todas las posibilidades de ahorrar puestos de trabajo mediante la aplicación, sobre todo, de sistemas de organización y de producción altamente automatizados e informatizados. 
Los modelos sociales que están perfilándose en relación con la incidencia del desempleo corresponden con la respuesta norteamericana y con los enfoques europeos.
La opción americana se ha fundamentado en la existencia de mayores desigualdades sociales y en el desarrollo de lo que se ha calificado como mercado de trabajo a coste reducido o infra-mercados, que dan lugar a una mayor proporción de empleos inseguros, esporádicos y mal pagados, es decir, infratrabajos. 
La opción Europea de regulación socio-laboral en Europa ha influido en la desaparición de empleos industriales, en jubilaciones anticipadas y en las dificultades de jóvenes y mujeres para incorporarse al trabajo. Lo cual ha conducido a un aumento del paro de larga duración. 
La expansión de las modalidades de empleo a tiempo parcial está teniendo lugar en su mayor parte en los ámbitos donde actualmente se podría generar trabajo en mayor grado: entre las mujeres, entre los jóvenes y en los servicios. Lo cual permite caracterizar esta modalidad laboral como un rasgo emergente de los sistemas productivos en su actual fase de evolución. 
En algunos países, sobre todo de los desarrollados, la proporción de empleados a tiempo parcial ha crecido. Este tipo de interpretaciones contrasta con las resistencias a aceptar la reivindicación sindical de la jornada de 35 horas. Sin embargo, a pesar de no aceptarse, la reducción efectiva de los tiempos reales de actividad laboral se extiende de facto por otras vías de mayor utilidad económica, ya que el rendimiento de los trabajadores a tiempo parcial es bastante mayor que el de uno a tiempo completo. Este tipo de contrato tiene, como se ha podido observar anteriormente, mayor porcentaje de presencia en el sexo femenino. 
Respecto a las tendencias ocupacionales, se observa una reducción del crecimiento de las actividades relacionadas con la venta y la intermediación comercial, debido a la expansión de la compra por redes sociales o vía internet. No obstante, existen ocupaciones cuya demanda crece, como es el caso de las actividades relacionadas con la prestación de servicios, especialmente en el sector de la alimentación y las tareas domesticas; así como en las actividades de gestión administrativa alta e intermedia, en actividades que tienen que ver con el cuidado y la atención física personal, aquellas relacionadas con el entretenimiento y con las nuevas necesidades sociales (trabajadores sociales, profesores, asistentes educativos…), y las actividades relacionadas con las nuevas ocupaciones en el sector electrónico.
Estas actividades, a excepción de las relacionadas con la administración y con el sector electrónico, tienen un carácter feminizado y precario. El aumento de demanda de estos sectores no implica que se prevea un crecimiento importante del volumen de fuerza de trabajo necesaria. 
La oferta de nuevos empleos parece que tenderá a desarrollarse en buena medida en torno a un doble polo de referencia. 
Por una parte, la demanda/sustitución de empleos marcada directamente por la evolución tecnológica y por las nuevas condiciones de la producción (menos operarios manuales, menos personal administrativo no especializado, mas servicios especializados y mas expertos en electrónica y comunicación) y, por otra parte, una demanda social más general relacionada con el nuevo estatus de la mujer y su incorporación al trabajo, lo que da lugar a que una serie de funciones que antes realizaban la mayoría de las mujeres en el hogar, ahora adquieran una proyección organizativa diferente (comida, cuidado de niños y ancianos, tareas de la casa…) en cierta conexión también con la mayor demanda de cuidados personales y la intensificación de las aspiraciones de mejora de la calidad residencial.
Algunos de los empleos que los expertos estiman que tendrán mayor expansión no requieren niveles de cualificación ni de titulación elevados, ni implican un grado de compromiso acentuado con el trabajo, pues son eventuales, de duración corta, sustituible e intercambiable, que generalmente pueden realizar en régimen de empleo autónomo y en empresas de tamaño reducido. 
Estas tendencias no deben llevarnos a pensar que nos encaminamos hacia un mundo de pequeñas empresas y trabajadores autónomos en un grado económico idílico en el que la mayoría de las personas gozaran de un alto grado de autonomía personal y de capacidad de autorrealización, y en el que los mercados no serán sesgados por la presencia de grupos poderosos que introduzcan graves asimetrías en su funcionamiento. En realidad, algunos de los nuevos fenómenos ocupacionales esconden tendencias que implican una mayor precarización laboral e inestabilidad  en el empleo. 
El aumento del número de pymes y de autónomos están ocultando la verdadera dimensión que esta alcanzado el desempleo, ya que en muchos casos los activos que recurren a estas nuevas formas de relaciones lo que están haciendo es intentar salir adelante como pueden y a veces encubrir su situación objetiva de paro o de subempleo en un contexto en el que no es fácil encontrar buenas oportunidades para desempeñar un trabajo regular a tiempo completo y de manera continuada. 
Con un Estado de Bienestar debilitándose y las redes familiares como únicas sustentadoras de protección y ayuda económica, se puede llegar a una mezcla social detonante si las condiciones de trabajo continúan precarizándose y se hace notar en mayo grado sus efectos críticos en términos de desigualdad y deterioro de las condiciones de vida para sectores importantes de población. 
El nuevo paradigma organizacional del trabajo, implica una forma extrema de regular la economía basada en el principio de maximización de la producción (trabajo-resultado) y una mayor flexibilidad organizativa con utilización de menos empleo (trabajo-actividad-realizada), como nueva plasmación del criterio clásico orientado a obtener mas producción con menos costes y todo ello, está causando impactos importantes en la estructura y la naturaleza del empleo. De esta manera, aunque la introducción de robots y sistemas automáticos de trabajo no pueda considerarse como una variable aislada de los sistemas productivos, lo cierto es que está contribuyendo poderosamente a imponer una nueva orientación productiva y nuevas condiciones en las formas de competitividad de las economías modernas. 
El paro, ya estructural, está afectando sobre todo a los jóvenes y a las mujeres. 
Las mujeres tienen altas tasas de porcentaje en los contratos temporales, a tiempo parcial y como paradas de larga duración, especialmente si son jóvenes y con menos cualificaciones, así lo muestran las estadísticas de la OCDE y de la OIT al reflejar un aumento del paro de larga duración con el surgimiento de nuevos sectores de “trabajadores pobres” que no tienen ingresos suficientes como para poder vivir dignamente. 
Esta situación precarizadora genera una dualidad laboral, que Gorz calificó como “sociedad servil” o “modelo colonial”. Este tipo de sociedad viene estimulada por la notable capacidad adquisitiva que esta adquiriendo la elite de empleados altamente cualificados, que algunos analistas cifran en tono al 20% de la población activa, y que demanda crecientemente la prestación de servicios y atenciones personales a otros sectores más infraposicionados en la población activa. Se entiende que el desarrollo de los servicios personales no es posible más que en un contexto de desigualdad social creciente. La profesionalización de las tareas domésticas es todo lo contrario de una liberación, a razón de una economía fundada en la dependencia y la heteronimia universales a través de la proliferación de los servicios de las personas, definiendo a estos como pobres que se ven obligados a encargarse, al menos parcialmente, de ellos mismos. 
Los elementos dualizadores en estructuras laborales se caracterizan por una dedicación a tiempo completo entre los varones adultos más cualificados y a tiempo parcial en el caso de las mujeres; de manera más estable y segura entre los sectores más integrados de la sociedad y de forma más inestable y precaria entre los jóvenes, inmigrantes, mujeres y personal con baja cualificación. En espacios más visibilizados se encentrarían los primeros y en casa u otros ámbitos menos visibles se situarían aquellos que se ven forzados a buscarse la vida como pueden. 
Estos sectores mas acusados aluden o contemplan la tecnologización laboral como sinónimo de precarización, discriminación, desigualdad de oportunidades, salarios bajos y la necesidad de enchufes para encontrar empleos. 
La automatización del trabajo pone en crisis un sistema de reparto de riquezas y de asignación de medios de vida que ha estado basado en gran medida en la apropiación privada de los medios de producción, que no han podido mantener porque no cerraban las posibilidades de subsistencia a todos aquellos que se encontraban subordinados como fuerza productiva, y a los que se necesitaban, no solo como una cuestión exclusivamente de necesidad reciproca, sino también de funcionalidad. 
A tendencia de futuro se debe cuestionar la distribución de recursos necesarios entre todos aquellos sectores sociales que quedarán fuera del sistema laboral. Es decir, las funciones que el trabajo ha ido desempeñando y desempeña en las sociedades tienen relación directa con el equilibrio y la articulación de la personalidad (sentimientos de autoestima, identidad, realización y utilidad) e instancias para la práctica de la sociabilidad y de la interacción social, proporcionando marcos de relación y de ubicación en grupos y organizaciones que ofrecen bases de proyección social y de asignación de rangos, valores y prestigio. Permite, asimismo, cubrir la necesidad vital de subsistir, la necesidad social de cooperar, de participar y de ubicarse en el conjunto social, sacia la creatividad y la actividad. 
Estas funciones dan lugar a tres visiones del trabajo que corresponden con tres concepciones ideológico-culturales sobre el carácter de los sistemas de producción. 
Desde un punto de vista estático se presenta el enfoque económico capitalista tradicional con visión economicista al entender el trabajo como una forma de ganar dinero para sobrevivir; el enfoque sociológico de obligación y correspondencia mutua en el sistema social, aprecia una estabilidad en el tiempo con una concepción del trabajo entendido como obligación social; finalmente, el enfoque ideológico que entiende al hombre como productivo y creativo, que realiza y cumple una función social básica a través del trabajo, cuyos componentes se asocian a la realización personal o a la satisfacción que produce el hecho de sentirse útil.
Las sociedades actuales pueden tender ya no solo a una polarización de los países, como señala Nieto en el texto de referencia, sino a una polarización social dentro de los propios países. Pero esta tendencia puede cambiarse mediante acciones en los ámbitos políticos y sociales, ya que la historia de la humanidad no se encuentra predeterminada sino que se muestra en continua construcción por parte de todos los individuos que la conforman.
Algunos expertos han comentado que los principales efectos de la robotización sobre la salud física y psíquica de los trabajadores permitirán la eliminación de buena parte de los riesgos en el trabajo, con disminución de los accidentes y las enfermedades laborales, así como de las horas de trabajo. Todo ello dará lugar a un aumento de la productividad del sistema económico y de la calidad y precio de los bienes y servicios, así como del tiempo libre y de las actividades de ocio. 
En concordancia con esta hipótesis se encuentran las luchas sindicales hacia la aspiración del trabajo mínimo y las mejores condiciones de empleo, que ha sido la máxima perseguida a lo largo de la historia.
Las luchas sindicalistas han ido en busca de la reducción de los tiempos de trabajo, intentando armonizar la inclinación hacia el despliegue de las capacidades y orientaciones productivas de los seres humanos con las posibilidades de una dedicación a aquellas tareas intelectuales, culturales, recreativas y lúdicas que podrían propiciar un desarrollo más integral y creativo de las personas
En la reivindicación de nuevas potencialidades humanas se delineaban claramente dos elementos de referencia: por una parte la identificación de una evolución histórica que daba lugar a que cada periodo y modelo de sociedad fueran acompañadas de formas especificas de trabajo, en función de las condiciones tecnológicas y organizativas de los diferentes sistemas de producción y la aspiración social a conquistar modos de vida y de trabajo cada vez mas gratificantes. 
Las reivindicaciones del movimiento obrero se orientaron desde el principio a intentar mejorar simultáneamente las condiciones físicas del trabajo, los niveles salariales y la extensión de las jornadas. Primero se reivindicó la jornada de 10 horas diarias, luego la de 48 horas semanales y a partir de ella, las conquistas sociales y laborales se fueron ensanchando y ampliando progresivamente en la reducción de la jornada laboral y la mejora de las condiciones de trabajo. 
Joaquín Nieto hizo referencia a la necesidad de reflexionar sobre el futuro del trabajo a largo plazo a fin de encauzar la evolución de éste desde una perspectiva de justicia social y de convivencia. Lo cierto es que se trata de moverse entre hipótesis de cara al futuro y posibles respuestas o reformas a las tendencias apreciables, que distan de mis conocimientos, pues requerirían de un equipo de profesionales en varias áreas, documentados, actualizados e instruidos en ellas y del que ha día de hoy no dispongo, por lo tanto, únicamente expondré mi cosmovisión de forma simplificada. 
El trabajo si bien es cierto que ha sido, a lo largo de la historia, el punto central de la organización social, tanto de exclusión como de integración; cada vez más, gracias a la automatización, queda relegado de tal poder de selección social, pudiendo generarse una nueva estructura o un nuevo modo de producción, en el que se disponga de un salario mínimo, menos horas laborales, mayor cantidad de servicios públicos gratuitos y gran cantidad de actividades para el tiempo de ocio, de información, cultura, educación e intelectualidad; que permita una conciliación familiar completa, recayendo el peso que ahora lleva la familia en el conjunto de la población (el Estado), y un reparto de las tareas domésticas que podrían carecer del peso que a día de hoy tienen, eliminando la dependencia social a todos los niveles. 
Por lo tanto, la cuestión sobre los problemas sociales que está acarreando la automatización (paro, desigualdad, polarización, discriminación, pobreza…) no estriba solo quien realiza los trabajos productivos, sino quien posee y controla los bienes, los recursos y los frutos del trabajo, más allá de que se encuentre robotizado o no. La idea de sustituir la vieja utopía del trabajo por una nueva utopía que permita aprovechar adecuadamente las nuevas posibilidades no es tan descabellada, lo es más continuar en la dinámica precarizadora que se esta alcanzando. 
La estructura social que ha existido desde la revolución industrial se tambalea al haberse centrado en la actividad laboral, una actividad que empieza a decaer dando inicio a una nueva modalidad. 
Esta ruptura debe consistir en un avance del conjunto social y no por parte de una élite, por lo que la influencia de los grupos de presión y las políticas sociales enfocadas en economías más humanas, favorecedoras de lo público y del consenso poblacional tienen que convertirse en el eje vertebrador de esta nueva evolución. 
Es curioso como los aspectos culturales todavía permanecen estancados en siglos anteriores, como es el caso de la concepción femenina y los roles de género, la visión del trabajo como necesidad de subsistencia, la visión negativa hacia el exceso de tiempo libre (ser un ocioso), entre otros; mientras que la evolución tecnológica empuja a romper todas estas concepciones culturales. 
La resistencia a un cambio positivo para los trabajadores, y en concreto para los sectores sociales que hoy se encuentran en una situación bordeadora de la pobreza o inmersa en ella, solo puede favorecer un chirriar entre unas concepciones y una realidad que dará lugar a aspectos negativos que ya estamos observando (paro de larga duración, bajos salarios, precarización, violencia, problemas psicológicos en la población que llegan a la anomia y al posible suicidio, etc.)
Las políticas a favor de los sectores más azotados por la precarización laboral, la pobreza y la carga de prejuicios sociales o actitudes negativas como es el caso del racismo, el machismo… debe ser atacado mediante políticas en las fuentes que lo inician, pero no puede entenderse como algo aislado del contexto económico y de dependencia, romper con esas tendencias culturales que provienen de un pasado cultural destruido hace años por los avances científicos pero que todavía no ha sido interiorizado por la población debe ir acompañado de avances materiales en otros ámbitos, en caso contrario no se sostiene y recae de nuevo, formando un circulo de resistencia hacia un futuro inminente, una contradicción que podría dinamitarse en revueltas sociales y tensión política.






Bibliografía
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-          EFE, (25 de enero del 2019). La paridad en la Universidad: casi todos en Informática son hombres y en Educación dominan las mujeres. Rtve.  Recuperado de: https://www.rtve.es/noticias/20190125/paridad-universidad-casi-todos-informatica-son-hombres-educacion-dominan-mujeres/1874180.shtml

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-          ORGANIZACIÓN PANAMERICANA DE LA SALUD., (2008), La economía invisible y las desigualdades de género. La importancia de medir y valorar el trabajo no remunerado, Washington, EE.UU., Ed. Biblioteca Sede OPS


[1]  EFE, (25 de enero del 2019). La paridad en la Universidad: casi todos en Informática son hombres y en Educación dominan las mujeres. Rtve.  Recuperado de: https://www.rtve.es/noticias/20190125/paridad-universidad-casi-todos-informatica-son-hombres-educacion-dominan-mujeres/1874180.shtml
[2] Los datos de este periódico han sido extraídos del asesor de la secretaria de Empleo de CC.OO, Enrique Negueruela, a partir de microrelatos del INE del 2017.