La Situación De La Mujer En Los
Problemas Socio-Sanitarios
Máster en Problemas Sociales
2020-03-10
Celia R. M.
Nota: 8/10
Nota: 8/10
Introducción
María Ángeles Durán Heras, doctora en Ciencias Políticas,
fundadora del Instituto de Estudios de la Mujer, catedrática de Sociología
Económica, expresidenta de la Federación Española de Sociología, miembro del
comité Ejecutivo de la International Sociological Association, profesora de
Investigación en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas y poseedora
de varios premios; sintetiza en “El valor
del Tiempo ¿Cuántas horas te faltan al día?” y “Los costes invisibles de la enfermedad” las consecuencias del
trabajo no remunerado sobre el cuidado del hogar y de personas dependientes
como es el caso de los ancianos, los niños, los enfermos y las personas con
diversidad funcional. Unas consecuencias que recaen sobre todo en la familia y
concretamente en la mujer.
Utilizando una base científica, bien documentada y con
datos extraídos de varias fuentes secundarias (mayoritariamente macroencuestas)
redacta de forma sencilla y divulgativa
un trabajo de investigación con el objetivo de ser utilizado para el análisis
socioeconómico y político sobre las necesidades de la sociedad española, y
sobre las situaciones de desigualdad y dependencia originadas por los cambios
en las condiciones demográficas y tecnologías. Lo cual implica una innovación
ideológica y técnica, pues desvela los
mecanismos sociales de distribución estructural de las cargas colectivas que
supuestamente recaen sobre el Estado.
El aspecto revolucionario que implica el análisis de
Durán aparece claramente en el libro El
valor del Tiempo, ¿Cuántas horas te faltan al día? Pues al final del libro,
en la página 279 hace una alegoría al manifiesto comunista “Si este libro fuese
un manifiesto terminaría con una frase energética, que incitase a la
movilización de todos/as los que se sienten expropiados del uso del tiempo.
Algo así como <<¡Expropiados del tiempo, uníos!>>” mostrando que la ciencia sociológica no puede
ser únicamente teórica, sino que esta enlazada con la práctica y con el ideario
subjetivo del investigador o grupo de investigadores que se plasma en los objetivos
que se quieren alcanzar y los cambios prácticos que derivaran de dicho análisis
teórico, más explicativo que activo, el para
qué investigar la sociedad o aspectos de ésta muestra una ideología, en
este caso, un enfoque revolucionario de cambio de la estructura social en cuanto
al trabajo no remunerado, un enfoque que de hecho comparto.
Bases de datos de la
síntesis de ambos libros
La metodología y herramientas estadísticas utilizadas son
de gran importancia tanto para verificar las proyecciones de futuro como para
el análisis de los datos pasados en cuento a pilares de ambos libros.
Durán utiliza,
como ya se ha mencionado, varias encuestas para sustentar las conclusiones y
descripciones de ambas investigaciones, entre ellas encontramos: La encuesta
sobre el Uso del Tiempo realizada por el Consejo Superior de Investigaciones
Científicas en el año 2003 y Encuesta del Instituto Nacional de Estadística del
2003 en el caso del primer libro, Mientras que en el segundo son más numerosas
y diversas: Encuesta sobre Discapacidades, Deficiencias y Minusvalías del
Instituto Nacional de Estadística en 1986; Encuesta de Nuevas Demandas Sociales
del CSIC en 1990; Encuesta sobre Discapacidades y Estado de Salud del INE en
1999; Encuestas del CIRES 1990-1996; Encuesta de Salud y Cultura Sanitaria del
CIRES en 1990; Encuesta sobre Uso del Tiempo del CIRES en 1991; Encuesta Demográfica
de la Comunidad de Madrid en 1991; Encuesta sobre Ética Social del CIRES en
1992; Encuesta sobre Familia y Uso del Tiempo del CIRES en 1993; Las Encuestas
sobre Demandas Sociales Vinculadas al Cuidado de la salud del CSIC en 1993;
Encuesta sobre Salud del CIRES en 1994; Encuesta sobre Ayuda Informal a las Personas
Mayores del CIS en 1994; Encuesta sobre los Mayores del CIRES en 1995; Encuesta
de Morbilidad Hospitalaria del INE en 1995; Encuesta sobre Actividades no
Remuneradas del CSIC en 1995; Encuesta sobre Uso del Tiempo del CIRES en 1996; Encuesta sobre Ahorro, Familia y Vejez del
CIRES en 1996; Encuesta Continua de Presupuestos Familiares del INE en 1998;
Encuesta de Bienestar Social de la ONCE en 1996-1997; Encuesta sobre Trabajo no
Remunerado en la Comunidad de Madrid del CSIC en 1998; Encuesta de Población
Activa del INE; Contabilidad Nacional de España y Las Encuestas Nacionales de
Salud del Ministerio de Sanidad y Consumo de varios años hasta 1997.
Como puede observarse, la investigación está vertebrada
en grandes encuestas que permiten la máxima aproximación a la realidad social,
por lo que las hipótesis, proyecciones y conclusiones son de una elevada
calidad y coherencia.
Análisis de los datos
y las proyecciones
Como se puede contemplar, los datos manejados son de
hace, aproximadamente, veinte años, con lo que las conclusiones de aquel
entonces no pueden aplicarse totalmente a la actualidad, pues la sociedad va
evolucionando, sobre todo en una época de grandes avances tecnológicos y
ruptura de valores tradicionales, un ejemplo de ello es la ausencia de las
redes sociales en el libro El valor del
Tiempo con respecto a la utilización de internet dentro del tiempo libre o
como devorador de éste, pues se sabe que existe un aumento del tiempo dedicado
a las redes sociales que conforman al mismo tiempo zonas de referencia, de
obtención de información y de opinión pública.
He echado un vistazo a una tabla sintética de la Encuesta
del Instituto Nacional de Estadística sobre el uso del tiempo, pero en lugar de
coger los datos del 2003, he prestado atención a la comparativa entre éstos y
los que corresponden al 2009 y 2010. La evolución 2003-2010 muestra un cambio
hacia una mayor utilización del tiempo en cuidados personales, estudios, hogar
y familia, aficiones e informática y medios de comunicación, mientras que se
reduce en el trabajo remunerado, la vida social y las actividades deportivas. Esta
trayectoria seguramente este motivada por el creciente paro producto de la
crisis económica del 2007 con expectativas de poder superarse con el nivel de
estudios. No obstante, aunque se trate de datos más actualizados, siguen
refiriéndose a un pasado, concretamente a una realidad de hace unos diez años y
faltaría analizar la trayectoria ocurrida durante esta década.
Otra de las encuestas sobre el Uso del Tiempo es la realizada por el Consejo Superior de
Investigaciones Científicas en el año 2017 que también dista de la del 2003 que
se presenta en el libro con datos como los siguientes (ambas tablas del CIS),
aunque continua en alza el uso de la televisión, la radio, la lectura, el
deporte y la música como bien indica Durán.
En ambas encuestas se muestra un punto de inflexión con
la llegada de la crisis económica más reciente, tanto a nivel de empleo del
tiempo (se reduce el empleo del tiempo en trabajo remunerado) como en el deseo
o dedicación en el tiempo de ocio (aumenta el dedicado a la familia) y es que,
aunque la familia se veía atacada con los nuevos avances sociales, económicos y
culturales, concretamente al descargarla del cuidado del hogar entendido como
reparto de roles por tradición, fuente de supervivencia económica y cuidados
por enfermedad o dependencia de otro tipo. La llegada de la crisis y de los
recortes en presupuestos públicos, lejos de desintegrarla como se había
previsto, la han fortalecido, convirtiéndola en casi la única estructura que
parece soportar el peso de las personas con necesidad de cuidados, dependientes
de otros adultos para ciertas tareas, ya sea puntualmente, o de media y larga
duración.
Respecto al segundo libro, Los costes invisibles de la enfermedad, es interesante analizar las
proyecciones a futuro sobre todo en lo referente al aumento de las personas
dependientes debido a la mayor esperanza de vida, en la que se verá
predominantemente el sexo femenino, con un descenso de la natalidad y una mayor
demanda de cuidados.
Según los datos del INE de hombres y mujeres de
nacionalidad española entre 2013 y 2015, el descenso de la población en todas
las edades hasta los 40-44 años es predomínate, a partir de esta edad, la
población aumenta, especialmente en las mujeres, cuya demanda de cuidados en el
futuro implicará una cantidad de recursos humanos alta en comparación con otros
periodos y con el porcentaje de población capaz de ofrecerlos. Sin embargo, la
población extranjera en ese mismo periodo disminuye en ambos sexos y en todos
los rangos de edad, con lo que, si no se produce un aumento desde el 2015 al
2019, la hipótesis de que sea la población extranjera la que sustente a la
tercera edad es poco esperanzadora.
Este hecho refuerza los datos de Durán en cuanto a quién
se le debe encargar la responsabilidad de ofrecer los cuidados necesarios de
los sectores de población más dependientes, puesto que tal como se reduce en
servicios públicos y la familia se refuerza como reacción a esta situación, la
población no puede, y cada vez menos, absorber la demanda de cuidados por ella
misma, siendo que continua cargándola en mayor grado la mujer, al igual que presentaba
María Ángeles en sus investigaciones de hace veinte años, pues los datos
consultados en el INE sobre 2016 no arrojan una desviación de tal trayectoria,
siendo más de la mitad de las cuidadoras mujeres con la mayor diferencia entre
sexos en la edad de 45 a 64 años (un 64% de mujeres se encargan del cuidado de
personas dependientes) y equilibrándose a partir de los 65 años (51% mujeres y
49%hombres).
Es decir, la natalidad y la inmigración disminuyen
mientras que aumenta la esperanza de vida, lo que implica un aumento de
personas dependientes en un futuro, sin contabilizar los casos de enfermedades
crónicas o personas con diversidad funcional; al mismo tiempo que se reducen
los recursos humanos para atender estas nuevas necesidades sociales.
Conclusiones
Con los datos, hipótesis y conclusiones de ambas lecturas
y todo el conocimiento anterior me lanzo a formular la hipótesis de que, en
caso de no poder absorberse la demanda de cuidados por parte del Estado, incluyendo
la Seguridad Social, ayudas económicas y otros recursos; la probabilidad de
empobrecimiento y desigualdad social es muy alta.
Cada vez hay más familias que sobreviven en los bordes de
la pobreza, acechadas por el paro, los trabajos precarios, los recortes de los
servicios públicos…. Encontrando una alternativa en la familia, que vuelve a
cargar el peso que debería de administrar el Estado como representación
colectiva. Dentro de la familia, la mujer ha tenido culturalmente un rol
asignado durante los años del franquismo y posteriores que ha dejado una huella
persistente en el imaginario colectivo y normas de actuación aprendidas que,
junto con la situación precaria del ámbito laboral sobre todo para el sexo
femenino en cuanto a que resulta poco rentable en la empresa privada por
condiciones biológicas como los embarazos y por la falta de estrategias
sociales o colectivas para estas situaciones como serian las guarderías públicas
cercanas a los puestos de trabajo o subvencionas por la empresa privada que
ofrezcan un horario adaptado que permita la conciliación familia y trabajo;
empujan indirectamente a que la mujer tome, en la mayoría de los casos, su
antiguo rol hogareño, retrocediendo en su avance por emanciparse y
desarrollarse en otros aspectos de su vida.
Además, cabe decir que aquellas familias de clase
media-alta, que cada vez son menos, si pueden costearse recursos que otras
familias no pueden, como es el caso de seguros privados, personal remunerado
para el cuidado de ancianos, personas dependientes o niños, así como
residencias, academias, guarderías…
Por tanto, son las familias más humildes las que sufren
en mayor grado los efectos negativos de los recortes en ayudas sociales y
servicios públicos, orquestando un panorama desalentador, de deterioro de las
cuidadoras, dificultades económicas derivadas y un círculo dañino de retroceso
en calidad de vida.
Dentro de esta línea de desigualdad social, el Tercer
Sector ofrece un rayo esperanzador, puesto que las organizaciones no lucrativas
nacidas de las necesidades desabastecidas que ha dejado la caída del Estado de
Bienestar, se han convertido poco a poco en una alternativa a éste, de acción
colectiva que permite dar un respiro en un paso intermedio entre el
voluntariado, la solidaridad, la profesionalización tenue que va germinando y
el trabajo remunerado.
La ironía del avance científico y tecnológico al tiempo
que se retrocede en solidaridad, servicios públicos y calidad de vida, es un
hecho.
Parece que hemos llegado a un punto de inflexión, de
ruptura que precede a una nueva forma de organización social, de estructura
social que ha de analizar las necesidades de la sociedad para dar respuesta a
las mismas desde otras formas de relaciones sociales, de trabajo y de
producción. Los costes invisibles del trabajo social no remunerado no pueden ni
deben recaer sobre una minoría siendo un fenómeno social, sino que deben ser
abarcadas en colectividad, diseminando la carga para ofrecer equitativas
posibilidades a todos los individuos que en ella se encuentran y es hacia este
horizonte al que, en mi opinión (más o menos acertada) debe ir dirigida la
investigación social.
Bibliografía
-
Centro
de Investigaciones Sociológicas (CIS). (2017, junio). BARÓMETRO DE JUNIO 2017.
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- Durán
Heras Mª A., El valor del
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- Durán
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